RESEÑA HISTORICA

San Sebastián nació en Narbona, territorio actualmente francés pero en aquel entonces parte del Imperio Romano. Sus padres, originarios de Milán (Italia) eran cristianos y le criaron por tanto en los principios de su Fe, formándole noble y generoso.

Ingresó al ejército romano en el año 269, conquistando la gran estima de los emperadores Diocleciano y Maximiano.

Nombrado Capitán General de la Primera Compañía de guardias, ejerció su cargo con mucha eficiencia y dignidad pero sin desmayar en su labor de protección y divulgación de la doctrina cristiana, perseguida en aquel tiempo por considerarla enemiga del Imperio.

San Sebastián confortó a los cristianos auxiliándoles incluso con bienes materiales pero sobre todo con mensajes y arengas inspiradas por la fuerza de su fe.

En una de esas persecuciones fueron apresados y condenados a morir los hermanos Marco y Marcelino, cuyos padres, Tranquilino y marcia, lograron hacer aplazar la ejecución comprometiéndose a hacerles renunciar a su fe cristiana, lo que no pudieron conseguir porque el Capitán Sebastián les orientaba a seguir fieles a Cristo, persuadiendo finalmente a volverse cristianos a Tranquilino y marcia, lo mismo que a Nicóstrato en cuya casa eran presos, y a su esposa Zoe, a quien devolvió el habla que había perdido seis años atrás. Convirtió también a Claudio y sus hijos y a otros 6 amigos de ellos. Marco y Marcelino fueron después elevados a la categoría de santos por la Iglesia.

Un día Sebastián fue visitado por el Señor Jesús y 7 Ángeles, prometiéndole acompañarle en todos los actos de su vida, y así continuó su labor cristiana sin descuidar sus deberes para con el Imperio.

Cromacio, Prefecto de Roma, llamó a los padres de Marco y Marcelino para increparles por haberse convertido al Cristianismo y descubriendo que todo era obra del Capitán Sebastián, lo llamó para escucharlo y ver si luego le haría abandonar sus ideales pero resultó lo contrario pues Cromacio y 400 soldados fueron desde ese día cristianos también.

La persecución se tornó encarnizada y Marco, Marcelino y muchos de sus amigos fueron alanceados, crucificados, arrojados al mar o enterrados vivos y Sebastián, que había estado en la prisión alentándoles, fue instado a huir pero él se nego sosteniendo que seguiría ayudando a los cristianos mientras le quedara vida.

Dioclesiano se indigno sobremanera al enterarse que entre sus hombres de confianza había uno que era cristiano y ¡activo! Llamándole a su presencia y le recriminó con ásperas frases, a lo que Sebastián respondió valientemente que "bien puedo servir y repetar al trono y adorar al Creador en la persona de NUestro Señor Jesucristo". enfurenciendo entonces el Emperador, le condenó a morir asaeteado en campo abierto por los arqueros de Mauritania, y así lo hicieron dejándole por muerto.

Por la noche una mujer llamada Irene se acercó a lo que suponía el cadáver y, viendo que aún vivía, lo recogió, lo llevó a su casa y curó sus heridas hasta que en pocos días, quedó sano. En vez de esconderse o huir, Sebastián fue ante Dioclesiano en las graderías del templo de Heliogábalo (en el Palatino) exhortándole a dejar sus dioses y seguir a Cristo diciéndole "¿es posible, señor, que eternamente os habéis de dejar engañar con los artificios y calumnnias que se inventan contra los pobres cristianos?. en vez de éso, también vos debierais abrazar la fe cristiana".

Estupefacto, el Emperador le preguntó:

- ¿Eres tú el mismo Sebastián a quien mandé quitar la vida asaeteado por los mejores arqueros del Imperio?

Y él Respondió:

Sí, señor. El mismo Sebastián soy, y mi Señor Jesucristo me conservó la vida para que en presencia de todo este pueblo viniese ahora a dar público testimonio de la impiedad y las injusticias que cometéis con tanto fervor contra los cristianos.

Dioclesiano, ya fuera de sí, ordenó que le llevaran al Circo y le apalearan hasta quitarle bien la vida, sentencia que se cumplió el 20 de Enero del año 288

Los sayones del Emperador arrojaron el cadáver a la cloaca máxima para evitar que los cristianos le rindieran honores pero el santo cuerpo quedó enganchado sin caer al agua y, a esa misma hora, se apareció Sebastián a una patrona muy religiosa llamada Lucinda, indicándole el lugar en que estaba el cadáver. Fue ella y lo rescató, colocándolo en una cripta en las catacumbas, a los pies de los apóstoles Pedro y Pablo.

De esa manera, Sebastián pagó con su vida el tributo de su amor a Cristo regando con su sangre la semilla de la virtud y la fe cristiana. La Iglesia le dio el título de Mártir del Cristianismo y Defensor de la Iglesia.

Fuente
REVISTA MONOGRÁFICA DE CHEPEN