He llegado hasta tí, como se llega
del campo humilde a la ciudad inmensa
asombrado de todo. Curioseando
He llegado del campo
como un maizal desarraigado y vano,
como una fruta más de las que llegan
a reposar su pulpa en los mercados.

No te enfades, Chepén,
si me he quedado.

Ciudad joven y fuerte.
Eres, Chepén, ciudad morena y fuerte
con las carnes rasgadas: dulces calles
donde van las estampas de unos niños
agarrando su Sol, moviendo su aro.

Las ciudades, Chepén, lo tienen todo.
Nos clavamos en ella. Nos dominan.
Frescan están como perpetua herida.
no es fácil retirarles las sombra que les dimos
ni es facil recoger aquella lágrima
que, alguna vez, trizamos como farol de esquina.

Estoy a gusto en ti. Cómo no estarlo
si en los rincones todos de ti misma
encuentra un hueco azul, mi fiel cansancio...?

Estoy a gusto en ti, Chepén, como está a gusto
la lengua de un novillo en la salada,
humedecida palma de la mano...

Mis dedos por tus aires van pasando
como debajo de la barca un rio,
como en la veta del marfil la estatua,
como el mártir encima del martirio.
Estoy a gusto, Chepén, Cómo no estarlo
si estoy conmigo mismo...?